Archive for the 'Literati' Category

Un puerto para Carver

mayo 23, 2008

Raymond Carver caminando cerca a su casa en Port Angeles (1984).

Orilla de piedras. Castañeo. Azul y mar se confunden con horizonte y cielo. El Vancouver Ferry entre bolicheras y botes a vela. Nombres como Mary Ann o Catherine adornan proas que llegada la tarde anuncian el fin de jornadas de pesca y salmones. En tierra firme las ostras, ostiones y langostinos se sirven al vapor de cerveza; el salmón muchas veces ahumado y la carne de venado en guiso. El restaurante Cornerhouse siempre tan casual como sus asientos de vinilo. Llegando a la esquina un dispensador de The Seattle Times aguarda solitario. Con el viento de cómplice, el sonido de ferias y carruseles de caballos blancos resulta inconfundible. Tanto como la inmensidad verde del Olympic Nacional Park. Ahí, entre bosques y bayas salvajes los caminantes en la ladera del río deciden tomar un reparador té sobre el césped. Un letrero informa,“Port Angeles. Population: 18,397”. Hogar de Raymond Carver, fuente de matices pop para sus relatos y celebración eterna en sus poemas.

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Paseando con Marjane

mayo 23, 2007

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Hace unos días, una persona muy especial me prestó cuatro libros que hoy considero de lectura obligatoria por su valor humano y relación con nuestra realidad. Se trata de la serie Persépolis de Marjane Satrapi, escritora iraní que luego de estudiar Bellas Artes y vivir en Viena y París, decide incursionar en la narrativa a través del comic.

Persépolis es la historia real -y muy cruda por cierto- de cómo “Marji” de diez años vive el fin a cincuenta años de reinado del Sháh de Persia para comenzar a ser testigo del régimen fundamentalista de una república islámica. La historia habla de su vida burguesa en época del Sháh, de su buena educación familiar y académica, de Marx y Bakunin, de las invasiones que sufrieron a lo largo de su historia, del fundamentalismo islámico, de la constante represión a la mujer, de los velos negros que debían usar sobre la cabeza, de torturas y desaparecidos, de la Guerra con Iraq, de muerte, mucha muerte.

Evidentemente no es una obra para niños, pero al leerla recordé con imaginación e inquietud infantil la época que vivimos en Perú entre mediados de los ochenta y principios de los noventa. Hasta hoy tengo muchas preguntas sin respuesta. Por eso, haber vivido la represión que nos impuso el terrorismo – en términos de seguridad- y sentido los miradas extranjeras estereotipantes son cosas que me acercaron mucho a la visión de Satrapi. El paseo por esta serie (la versión en español es de Editorial Norma) ayuda a entender que no importa lo rico en historia o recursos que pueda ser un país, igual todo se puede echar a perder con ideas radicales o mera estupidez fundamentalista.

Y eso nunca hay que olvidarlo.

No me gusta

abril 20, 2007

La sopa hirviendo, el tráfico de Lima, las chompas de poliéster, ver televisión todo el día, la mentira, la infidelidad, la guerra árabe-israelí, las mujeres con muchos tatuajes, comer sashimi de salmón del día anterior, la expresiones “osea” y “manyas”, el dequeismo, cuando escucho la palabra “hubieron”, los jeans azul claro, las camisas de manga corta, el ron con Coca-Cola, el ron en sí, despepar sandías, seguir recordando cuando Perú clasificó a un mundial de fútbol, perder, cuando alguien se pega mucho a mí en una cola, la betarraga, los nuevos ricos, los nazis, cuando alguien opina sin saber de lo que habla, el palabreo, las películas que imitan a otras, ver un lapicero con tapa sin su tapa, cuando una persona se cree europea (sin serlo, claro), que interrumpan mi tranquilidad, el reggaeton, el perreo, la gente sudorosa (menos bailando), los idiotas, los idiotas con lentes de sol, usar corbata un día de sol, manejar mi auto con el aire acondicionado apagado, el punk extremo, derramar líquidos, afeitarme con frecuencia, las cucharachas, las ratas (tengo fobia a ellas), los fantasmas (aunque a veces me siguen), dormir al lado derecho de mi cama, Brasilia (¡qué aburrida, por Dios!), el desorden, la poca planificación, la mala educación, la arquitectura “chicha”, las casas habitadas a medio construir, Roxette, Enrique Bunbury de solista, las Tortuninjas, los chinos escupiendo en la calle, cuando entran al ascensor sin antes dejarte salir, la gente que no se baña (y no le importa), cuando sujetas la puerta para que alguien pase y no te lo agradece, los taxistas de Lima, los claxons, cuando te despiden en un aeropuerto, las familias que llegan en buses a la playa, los que comen en ollas sobre la arena, cuando veo a alguien arrojar una cáscara de naranja a la calle, los arribistas, los pendejos, la criollada, Carlos Caszely, el gol con el que Argentina nos empató en Buenos Aires en 1985, que mi conexión de Internet se caiga, los impertinentes, cuando te hablan a pesar de verte ocupado al teléfono, las gordas en bikini, vomitar, quedarme atrapado en un ascensor (menos si se apagan las luces), las reuniones de trabajo innecesarias, las reuniones de trabajo con mucha gente, los chupamedias, los que cambian de opinión por conveniencia, las mujeres que se casan para estar “tranquilas”, el pop-corn atracado entre mis dientes, prestar libros, que maltraten mis libros, que cambien mis cosas de lugar, Don Francisco, la pobreza, los niños hambrientos, ver ancianos y niños trabajando, los cortes de pelo apurados, Pinochet, ver al “Huáscar” en el puerto de Talcahuano, el holocausto nazi, las pulgas, Paulo Coelho, las gotas de mango deslizándose sobre mi muñeca y antebrazo, las orejas sucias, Alberto Beingolea y sus “Crónicas de Balón” (¡qué tipo para idiota!), los narradores de fútbol comentando sobre tenis, las medias blancas (a excepción de cuando se usan para practicar algún deporte), que me cuenten el final de alguna película, los errores en las facturas, los técnicos que te cobran lo que quieren luego de reparar algún artefacto de tu casa (sólo porque ven que tienes un TV LCD de pantalla plana), las columnas periodísticas cuyo título es una pregunta, las despedidas (especialmente si tienes que decir algunas palabras entrecortadas), el mapa del Perú recortado, cuando dicen que el pisco no es peruano, los que violan los derechos de marca, un café con leche cortada, Benjamín Netanyahu, Adolfo Hitler, Benedicto XVI, el fundamentalismo islámico, Osama Bin Laden, los congresistas corruptos, Tongo, y principalmente Laura Bozo.

Me gusta

abril 19, 2007

El mar, el olor a mar, la sal, el sabor a sal, el vino, la leche pura, oler las páginas de los libros, morder cristales de sal gruesa, las revistas de tenis, The New Yorker, el Jack Daniel’s, la Sam Adams pale ale, Boston, la nieve, Washington D.C., Georgetown, la playa, los langostinos, los calamares, comer sushi con vino blanco, el hamachi, el sashimi en general, tomar un milkshake de plátano un sábado a las once de la mañana, las fresas con leche condensada, el salmón, el sexo, el sexo con amor, viajar en avión, los aeropuertos, París, Escocia, la cerveza inglesa, el queso Brie, el jamón de Jabugo, Barcelona, leer, jugar tenis, ver películas, LOST, mis fotos, usar barba de cinco días, el pelo desordenado, abrazar, bañarme acompañado, dormir acompañado, el Internet, chatear, mi blog, escribir en mi blog, Grecia, Cusco, el acento irlandés, el acento escocés un poco más, mi cava, el saussison sec, el queso Camembert, los sacos de corduroy, el olor a tabaco de pipa, mis sobrinos, mi laptop, las mujeres, Demi Moore, One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Rescatando al soldado Ryan, la Segunda Guerra Mundial, Leonardo Da Vinci, volar, El Hombre Vitruviano, la arquitectura, la razón áurea, los dibujos, The Who, Baba O’Riley, los cuentos, Borges, Carver, Cortázar, caminar sin zapatos sobre arena, usar sandalias y jeans, las camisas de manga larga, cuando me lavan la cabeza en la peluquería, vestir shorts los días de verano, mi Ipod, los autos, el rally, el fútbol de nuevo siempre que volvamos a clasificar a un mundial, el Perú 1 Argentina 0 en las eliminatorias de México 86 (yo estaba en el estadio), comentar otros blogs, el bajo y la batería (aunque no los toco), comprar libros, pasear por librerías, La Bretagne, el Desembarco en Normandía, tener conexión inalámbrica de Internet, el melón con prosciutto, el mar cerca, los mercados, el área de pescados y maricos en el supermercado, ir al cine y comer pop-corn, Midnight Express, la chicha morada, el ginger ale, las aceitunas, Jorge Drexler, Gary Jules, Beck, imaginarme ganando un Gran Slam de tenis, ver filetear pescados, manejar rápido (y seguro), la estadística, la predicción matemática de eventos, el psicoanálisis, los datos interesantes (irrelevantes), contar curiosidades, el Marketing dirigido, pensar frente al mar, leer a escondidas, leer en un café, usar lápices recién tajados, besar, la uva Cabernet Sauvignon, las mujeres en bikini, una mujer usando thong, sentarme a tomar solo en un bar y esperar qué me depara la noche, Cerdeña, el salame, el Ajinomoto en la mesa, un Tres Leches, usar baseball caps, el uniforme del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial, el camuflaje, un jugo de naranja recién exprimido, los tallarines en salsa bolognesa (con mucha carne), El Perfume de Patrick Süskind, oler siempre oler, las alcaparras, el olor a cebolla blanca sobre parrilla, el olor de un cigarro al encenderlo, Joan Miró, Roma, el FC Barcelona, hablar en francés, imitar acentos en inglés, afeitarme en la ducha frente a un espejo antiempañante, sentarme en el cine al lado del pasillo, que sonrían cuando me atienden, Machu Picchu, el Perú, y saber que me gustan muchísimas cosas más.

12 segundos de oscuridad

marzo 31, 2007

Hoy leí una excelente comparación entre una canción de Jorge Drexler y el secreto de un relato eficaz: “…Un faro quieto nada sería, guía mientras no deje de girar. No es la luz, lo que importa en verdad son los doce segundos de oscuridad. En esos segundos de oscuridad debe contenerse la historia verdadera.” (Miguel Ángel Muñóz).  Es la síntesis caviar de cualquier teoría sobre narrativa corta: la explicación del viaje guiado que todo relato debe otorgar.

12 segundos de oscuridad 

Gira el haz de luz
para que se vea desde alta mar.
Yo buscaba el rumbo de regreso
sin quererlo encontrar.

Pie detrás de pie
iba tras el pulso de claridad
la noche cerrada, apenas se abría,
se volvía a cerrar.

Un faro quieto nada sería
guía, mientras no deje de girar
no es la luz lo que importa en verdad
son los 12 segundos de oscuridad.

Para que se vea desde alta mar…
De poco le sirve al navegante
que no sepa esperar.

Pie detrás de pie
no hay otra manera de caminar
la noche del Cabo
revelada en un inmenso radar.

Un faro para, sólo de día,
guía, mientras no deje de girar
no es la luz lo que importa en verdad
son los 12 segundos de oscuridad.

Para que se vea desde altamar.

Por Jorge Drexler.

Prosa Apátrida 95

marzo 13, 2007

“Nuestro rostro es la superposición de los rostros de nuestros antepasados. En el curso de la vida los rasgos de uno se van haciendo más visibles que los otros. Así, de bebes nos parecemos al abuelo; de niños a la madre; de adolescentes al tío; de jóvenes al padre; de maduros al Papa Bonifacio VI; de viejos a un huaco Chimú y, de ancianos, a cualquier antropoide. Casi nunca nos parecemos a nosotros mismos” (Julio Ramón Ribeyro)