Calamar, el cuarto pasajero

marzo 12, 2007

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Hacer varias cosas al mismo tiempo resulta difícil cuando uno está siempre apurado. Tengo la mala costumbre de almorzar apurado, probablemente sea producto del stress del trabajo o mi desesperación por no perder tiempo desconectado de Internet. A veces, esa mala costumbre puede causarme experiencias desagradables, casi alienígenas.

El sábado pasado salí de tour gastronómico con el Peregrino y un gran amigo mexicano que estuvo de visita por Lima. Nada mejor que almorzar en un huarique o restaurante promocionado la noche anterior en el programa de Gastón. Primera parada: El Villano. Las más  de veinte personas esperando afuera no dejaron de mirarnos desde que llegamos hasta que nos fuimos -treintaiséis segundos después de llegar-, como pensando “¿Crees que eres el único que ve ‘Aventura Culinaria’? Iluso”.

-Paciencia que aún nos quedan varias altenativas más. Vayamos a La Cocina de Darío -dije apretando el acelerador con mucha fe.

Estábamos camino al Edo Suhi Bar de Salaverry, después de escuchar por teléfono que donde Darío no tenían erizos por temporada de veda (mal timing el del lanzamiento del programa, Gastón). De pronto, a nuestro amigo Peregrino se le ocurrío la gran idea de ir a la avenida La Mar. “Total, si no es en el restaurante La Mar, hay otras alternativas, Pescados Capitales o Caplina“. Siempre tan naive él.

Mi estómago rugía, parecía que había algo dentro a pesar del vacío que sentía. En La Mar, ni intentarlo: había un mar de autos afuera. “Dentro de unos veinticinco minutos más o menos”, respondió el anfitrión de Pescados Capitales. Nos cruzamos las miradas y casi sin hablar -no recuerdo si hablamos del asunto de la mesa en realidad- caminamos hacia la puerta con las manos juntas en la espalda. Habíamos pasado antes por una esquina en la que vimos una gran ancla. El cuidacarros nos llamaba casi como rogándonos; nosotros en cambio habíamos seguido nuestro paso seguro a Pescados Capitales, ignorándolo casi con desprecio. Vuelve el perro arrepentido, dicen.

Terminamos sentados en una mesa del segundo piso de El Ancla, donde el suelo -según el mozo (aún no se si creerle)- estaba cosntruído de manera que simulara el movimiento de un barco. Debo aceptar que sí, me sentí en un barco, pero eso no necesariamente hizo mi experiencia gastronómica más placentera. Más de una vez pensé en pararme, “Temblor carajo”. De todos modos la ruta de escape ya estaba definida para cualquier eventualidad: había visto una ventana abierta que daba a un techo de una agua, desde donde podía saltar a la vereda segura.

Llegó la hora de comer. Piqueos primero (y casi lo último): pejerreyes arrebosados, pulpo a la brasa (el tercero que se comía mi amigo mexicano en tres días) y un amenazador plato de calamares rellenos con morcilla.

Me tocaron los calamares. Respiré con ganas antes de comenzar, profundamente. Una pequeña tocecita de cortesía, a modo de permiso para comenzar mientras tomaba los cubiertos. Miré hacia mi amigo mexicano y hacia el Peregrino esperando el momento. Ellos ya habían comenzado y con muchas ganas. Casi me acomodé la corbata que no llevaba puesta, muy bien combinada con mis bermudas favoritas. Al fin y al cabo era una tarde soleada, perfecta para unos calamares en su tinta, rellenos con morcilla y amenazantes ante cualquier boca.

Qué delicia másticar esa textura especial, como de hule disoluble. La morcilla siempre me ha gustado, pero combinada con calamares es mejor aún. “¡Hmmm, esto está buenís…hmm…ahhh…hmmm!”

“Hmmm…ahhh…agghhh…hmmm…agghhh”.

La apertura de mi boca era como la de un pescado, ¿acaso iba yo soltar una burbúja o cantar algunas notas de ópera? Mi cuello se estiraba de manera extraña, hacia el plato. Había algo dentro de mi esófago que quería salir. Cual gato escupiendo una bola de pelos.

Todavía recuerdo la mirada de mis dos amigos y unas cuantas personas de otras mesas cuando todo terminó. Una criatura cefalopoide cuasi-alienígena, con ciertas partes amputadas, buscó escapatoria desde dentro de mi boca y salió despedido sobre el plato. Rebotó además unos cuantos centímetros hasta acomodarse bien, como esperando su turno.

-Si esto seguía, me paraba a hacerte la maniobra de Heineken, me dijo el Peregrino.
Heimlich dirás, corregí.
-No, Heineken porque te iba dar de botellazos en la espalda hasta salvarte.

Espero esta vez convencerme de que respirar, reir, hablar y pasar la comida al mismo tiempo no es una buena práctica. Con mayor razón si tengo problemas de lumbago.

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13 comentarios to “Calamar, el cuarto pasajero”

  1. DarKarL Says:

    No vivas tan de prisa
    toma las cosas con sobriedad

    que el tiempo no avisa
    ni tampoco muestra piedad

    antepon una sonrisa
    a la soledad y la ansiedad


  2. La comida…es otro placer. Te descubrí en el blog de Jerjes..muy interesante tu blog. Lo seguiré.
    Saludos desde Lápices para la paz.
    MM

  3. peregrino Says:

    Jajajajaja, el relato es muyyy cercano a la realidad, algunas correcciones, de donde nos chotearon en la Av. la Mar fue de Pescados Capitales, y como verás no es Siete pecados ….. bla, bla, eso es parte de tu imaginario o el calamar de comió parte del cerebro.

    En cuanto a los ruidos emitidos, primero fueron unas tosecillas nerviosas y bajas, luego empezaron a subir de tono hasta llegar a un “techno/dance/newnuwave/tribal/electroclash” con diversos efectos sonoros.

    De mas esta decirle a los otros lectores, que el “niño calamar” se convirtió en super héroe, émulo de Alien y enemigo de Sigourney Weaver.

    Motivos de risa que me das estimado Alquimista.

    Nos leemos.

  4. Angélica Says:

    No te mueras Peregrino! Los calamares merecen odas culinarias pero no tu abrupta partida… Mira que recién me enganché con tu blog 😉

  5. Yola Says:

    jeje aunque ahora nos cause risa (sobre todo lo de heineken) hay que tener mucho cuidado al masticar (eso de tragar dejémoslo para los animales).
    La próxima empezar el periplo tipo 11 a.m.
    Saluditos 🙂

  6. Nina Says:

    Menos mal que no estuvo presente nuestro amigo mutuo M.P…. porque ya toda tu gente “laboral” en Chile habria sabido del desafortunado incidente de tu multitasking… al comer…

  7. schatz67 Says:

    Cuando estes en la Av. La Mar no dejes de visitar “La Red”. Cebiches, jaleas y un seco con cabrito alucinante amén de otros platos a un buen precio y en generosas porciones.Es verdaderamente de primera.

    Un abrazo

    Schatz

  8. Alquimista Says:

    DarKarl: como siempre buena rima, estimado DarKarl. ¿Te queda alguna duda de si almuerzo algo apurado?

    MM: bienvenida por acá. Visitaré también tu blog. ¡Saludos!

    Peregrino: muchas gracias, las correcciones pertinentes fueron hechas. Y ya sabes, el “niño calamar” se puede defender de una manera alienígena. ¡Cuidado!

    Angélica: muchas gracias por tus palabras, pero quien se iba a morir era yo, no nuestro amigo Peregrino. Aunque sí, el también estuvo a punto de morirse…pero de risa.

    Yola: dos buenos consejos los tuyos. Ojo que mi experiencia no fue producto de un mal hábito a la hora de comer ¡Fue un ataque cefalopoide alienígena!!!

    Nina: me imagino que pronto se propagará la noticia como reguero de pólvora…es cuestión de tiempo.

    Schatz: muchas gracias por la recomendación. Ten por seguro que pasaré por ahí, aunque esa calle me traiga a la memoria recuerdos poco gratos. Espero curar el trauma con una buena experiencia gastronómica en “La Red” entonces.

  9. Nina Says:

    Yo no la voy a repartir… voy a dejar que seas tu mismo el que se la cuentes al che susodicho… por favor dejame estar presente para ver su cara y la respuesta….

  10. Says:

    Una y mil veces: la idea es masticar la comida, no tragarla.
    Definitivamente, el post mas gracioso que he leído ultimamente. Además, tuve el privilegio de estar presente para la reconstrucción de los hechos….pero que gracioso.
    Realmente, creo que no podría haber evitado soltar una carcajada si estuviese presente, luego de haberte rescatado, claro. ajajjaja cada vez q me acuerdo de este post no puedo evitar reirme sola, lo siento. aaaaaaaajajjajajajjajajajajaja

  11. Angélica Says:

    Jajajaaaaa…. Cómo pude equivocarme así en mi comentario, se supone que iba dirigido a ti… pero después de reirme con lo escrito por Peregrino se me pegó el nombre je je. Ves que yo también me atraganto con las palabras?

  12. Alquimista Says:

    Nina: don’t worry. Te aviso cuando le cuente.

    Lú: jajaja! nunca dije que había tragado la comida; fue un corto circuito en mi procesador multitasking.

    Angélica: jajajaja! un lapsus lo comete cualquiera. Cuidado con los lapsus atragantus nomás.

  13. Says:

    Falta de concentración será..


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