Los mirones de mi sala

febrero 7, 2007

Hay días en los que su presencia no me desespera. Siempre están tan callados (a excepción de tres de ellos que hablan cuando les doy la mano). Quién sabe si se quedan conmigo por compromiso o por si les hago falta. Lo cierto es que siempre están rodeándome por las noches como banda de ladronzuelos primerizos. No saben qué hacer cuando volteo a verlos: pareciera que tiemblan (aunque no lo he confirmado). Es ahí cuando bajan la mirada. Siempre.

Esta noche les quiero hablar; tengo ganas de conocer sus historias personales. A muchos me parece haberlos visto antes en otro lado y eso me compromete más. A pesar de no saber cómo se comportan cuando están solos, se que conmigo al lado siempre respetan la distancia con esa amabilidad incierta que te da el silencio de una persona concentrada en lo suyo. Pero sin molestar lo tuyo.

Mi mamá me dijo una vez “Hijo, esto se puede solucionar de dos formas: con un cura o con un psicoterapeuta”. No se qué piense al respecto blog-leyente, pero estoy siendo transparente y prefiero presentarlos como los veo. Créanme que así los veo todas las noches.

El del medio es verde, moteado, bajo y regordete. Además de piel brillosa. Tiene más de dos antenas que salen desde su boca siempre abierta (sí, desde su boca). Siempre está rodeado de los plateados de boquita redonda.

A los plateados decidí llamarlos “La banda” porque siempre se aglomeran con los suyos. A pesar de vestirse de diferentes colores, casi siempre usan sobretodos que abren a brazo extendido con muchas ganas.

Las tres parejas de gemelos siempre quieren sentarse en los sofás. No parecen haber hecho mucho deporte; son blandos y comodones. Quién sabe si son familia. Lo dudo, pero tienen algunas cosas en común. La piel azul-púrpura de dos de ellos contrasta con el blanco de los sillones. Otros dos tienen manchas circulares en todo el cuerpo y aunque no parecen enfermos nunca los veo salir de ese baúl siempre entreabierto. Los otros dos son de África y nunca reclaman nada ni con un gesto.

El gordito blanquiñoso parece bañarse en flores de vainilla. Lo raro son sus tres canas blancas sobre la cabeza. Es lampiño y siempre usa zapatos azúl esmeralda. Lo ví mucho tiempo sentado con el regordete verde, pero ahora ya no es más así (me gustaría que me cuenten por qué).

Sobre el de pelo largo y los menos callados prefiero no escribir hoy. Parece que han captado lo que estoy haciendo y muy cómodos no se les ve.

Espero encontrar el momento oportuno para tomarles una foto. Lo prometo.

Anuncios

2 comentarios to “Los mirones de mi sala”

  1. DarKarL Says:

    Muchas veces ante la soledad
    no encontramos mejor cura
    que una presencia imaginaria

    fiel compañera de verdad
    cónyuge de nuestra cordura
    que nos ayuda cual plegaria

    a esperar con gran sobriedad
    la llegada de una preciosura
    de belleza extraordinaria

  2. Acitsonga Says:

    Yo soy una mirona de tu sala virtual, vine sin que me invites y regreso porque me antoja. Se siente cómodo aquí…

    PS: Y eso mirones de los que hablas ¿son todos hombres?


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: