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¡Bachi-bozuks de los Cárpatos, ectoplasmas, anacolutos!

Mayo 28, 2007

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El mundo de los comics ha engendrado muchísimos heroes y antihéroes a lo largo de su historia, siendo los más famosos sin duda los de Marvel Comics. En nuestro caso, la historias de Batman, Superman, El Hombre Araña, Linterna Verde y tantos más llegaban bajo el sello de Editorial Novaro (EN). Cuando yo tenía poco menos de diez años iba todos los domingos al kiosko de revistas -que sigue existiendo en el mismo lugar, por cierto- a comprar el periódico y todos los “chistes” que podía, estos últimos siempre con el mismo sello editorial.

Si algo llamaba mi atención, además de las historias per se, eran las expresiones que soltaban los distintos personajes. Leer exclamaciones como caracoles, cáspita, recórcholis, rayos, repámpanos, truenos y centellas o zambomba era cosa de todos los días. Mi inocente entusiasmo de entonces aún ocultaba mi capacidad crítica hacia tamaña ridiculez. Poco faltaba para leer de boca de Superman o Batman las condoritescas “exijo una explicación”“reflauta”. Creo que eso sí hubiese sido demasiado.

Con los años, mi pasión por las historietas tradicionales cambió -felizmente- y terminé engullendo textos y tiras de Las Aventuras de Tintín de manera adictiva. Además de las aventuras estilo Indiana Jones, lo que me fascina hasta ahora es la personalidad tan bien lograda de cada uno de los personajes del mundo de Tintín. Uno de ellos resaltaba por su nobleza, mal humor, explosividad, informalidad de marino mercante y especialmente por su capacidad de insultar: El Capitán Haddock, desde mi punto de vista el más grande insultador de la historia del comic.

A continuación, una recopilación de los insultos del gran Haddock:

Acaparador, alborciador, alborotador, alcornoque, ametrallador con babero, anacoluto, analfabeto, analfabeto diplomado, anfitrión, animal, antipático, antracita, antropófago, antropopiteco, apache, aprendiz de dictador a la nuez de coco, archipámpano, arlequín, arrapiezo, asno, Atila de guardarropía, atontao, atropellador, autócrata, avasallador, azteca, bachi-bozuk, bachi-bozuk de los Cárpatos, basura, bandido, bárbaro, bastardo, bebe-sin-sed, beduino, beduino interplanetario, bergante, berzotas, bestia, bibéndum, bicharraco, bicho con plumas, borrachín, borracho, borrico, bribón, brontosaurio escapado de la prehistoria, bruto, bruto sombrío, bulldozer a reacción, burgués, cabeza de mula, cafre, calabacín, calabacín diplomado, canaca, canalla, caníbal, cantamañanas, carcamal, carne de horca, catacresis, cataplasma, ceporro, cercopiteco, chafalotodo, chalao, charlatán, chuc-chuc, chupatintas, cianuro, ciclón ambulante, ciclotrón, cobarde, cochino, coleóptero, cólera, coloquíntido, coloquinto, coloquinto de grasa de antracita, condenado, corderito, cordero mal peinado, corsario, cotorra charlatana, cow-boy del volante, cretino, cretino de los Alpes, cretino de los Balcanes, criminal, cromagnon, cucaracha, Cyrano de cuatro patas, desalmado, descamisado, desgraciado, desharrapado, dinamitero, diplodocus, doríforo, ectoplasma, egoísta, embustero, emplasto, endemoniado bazar de…, energúmeno, equilibrista, esclavista, escorpión, espantajo, espantapájaros, esperpento gigante, esquizofrénico, estropajo, estúpido, extracto de hidrocarburo, fanfarrón, fantasma, Fátima de baratillo, fenómeno de truenos y relámpagos, filibustero, filoxera, flebotoma, forzudo, galápago, gamberro, ganapán, gángster, giróscopo, gitano, gordinflón, gran fariseo, granuja, grotesco polichinela, grumetillo, grumetillo del diablo, gusano, herético, hidrocarburo, holgazán, iconoclasta, idiota, imbécil, inca de carnaval, indio, individualista, infame, infeliz, insecto,invertebrado, Judas, jugo de regaliz, krrtchmvrtz, ku-klux-klan, ladrón, ladrón de niños, lechuguino, lepidóptero, lobo come-niños, loco, logaritmo, lorito, loro feo, macaco, macrocéfalo, majadero, mala peste, mala semilla, mamarracho, mameluco, marinero de agua dulce, marmota, mataperros, matón, medio loco, megaciclo, megalómano, mejillón relleno, mequetrefe, mentiroso de órdago, mercader de alfombras, mercado negro, mercantilista, merengue, merino, merluzo, miedoso, miserable, mocoso, momia, monigote, mono, morucho, moscardón, mrkrpxzkrmtfrz, mujik, Mussolini de carnaval, naufragador, negrero, nictálope, niña pantera, nuez de coco, oficleido, oricterópodo, ornitorrinco, oso mal peinado, ostrogodo, pacta-con-todos, paleto, palurdo, palurdo de los Cárpatos, paniaguado, papanatas, papú, papú de mil diablos, paranoico, parásito, patagón, patata, payaso, pchkraaprut, piel roja, pies descalzos, pirata, pirata de carnaval, pirata del cielo, pirómano, polígrafo, porquería de aparato tragaperras, proyectil teledirigido, ratón, rapaz, renegado, reptil, residuo de ectoplasma, ridículo, rizópodo, rocambole, sajú, saltimbanqui, salvaje, sapo, sátrapa, sietemesino con salsa tártara, sinvergüenza, tecnócrata, terrorista, tonto de capirote, torturador, tozudo, traficante en carne humana, traidor, tramposo, troglodita, trrkhkraah, vampiro, vándalo, vegetariano, vendedor de alfombras, vendedor de guano, víbora, visigodo, viviseccionista, zapoteca, zapoteca de truenos y rayos, zopenco, zuavo, zulú.

Muchos de los “insultos” son palabras que Haddock usa de manera peyorativa simplemente por su carácter cacofónico o polisilábico. Todo ello sugiere un aparente caso grave de Tourette, algo que lo hace más creíble aún como personaje.

Yo, en cambio, prefiero considerarlo un verdadero artista del insulto.

El hechizo Tintín

Enero 28, 2007

Tintn y MilúHoy leí un artículo nostágico de Fernando Savater sobre Tintín y su embrujo aventurero en el que encontré muchos lugares comunes referidos a mis placeres de niño. Savater cuenta que “le debo a Tintín un regalo maravilloso: con sus álbumes aprendí a leer en francés”, algo que sin darme cuenta ocurrió conmigo también. La forma en que me sedujo y envolvió el enigma Tintín fue sin embargo la causa, uno de los efectos fue el idioma.

Me veo sentado en la biblioteca de mi colegio con una edición en francés de El templo del sol, que probablemente esperé dos semanas hasta que la devolviera algún alumno boy scout aplicadillo en francés, con mayor pasión por captar palabras en idioma extranjero que por la viñeta mágica de Tintín y como dice Savater por “un universo paralelo, un minucioso espejismo al que uno puede irse a vivir por un rato o quizá intimamente para siempre”. Mejor explicación no podría dar; mi atención era profundamente fiel, comprometida con la historia y no con los globitos en francés (belga por cierto) de cada página que leía. Muchos niños entraban y salían rápidamente, unos en shorts y gordos, otros con las medias hasta la rodilla, siempre con los colores distintivos del único uniforme escolar de la época. Pero sólo pocos sabían de la magia real de Tintín. Al fondo tras el mostrador, parado con la pausa provinciana y los anteojos tristes, el profesor Macedonio al mando de la logística de los libros que tenía detrás. Los más pedidos: los de Tintín. “Uy, tendrás que esperar un par de semanas porque la lista de espera está larguita”, decía.

A diferencia de Savater, yo no podía comprar una historia de Tintín en el kiosko o alguna librería cercana (él las compraba en Biarritz o Hendaya, ¡vaya diferencia!). Lo único que me ofrecía el kiosko de la esquina, al que acudía domingo a domingo, eran historietas de la mexicana Editorial Novaro: Archi, Supermán, La pequeña Lulú, La zorra y el cuervo, entre muchas más. Conseguir una edición del hijo de Hergé no fue tarea fácil por años, incluso hasta en etapa adulta: recuerdo de hecho haber comprado mis primeros Tintín en Santiago de Chile durante un viaje de vacaciones veinteañeras con un grupo de grandes amigos. El único Tintín que ya formaba parte de mi colección, El asunto Tornasol, me lo había regalado mi hermano, quién sabe cómo lo había conseguido.

Los personajes de Tintín no eran comerciales (se hicieron sólo dos adaptaciones cinematográficas con actores reales), no eran de Disney. Sus lectores eramos fieles al estilo convencional de sus historias, con mundos parelelos que tienen mucho del nuestro, donde los viajes por el mundo -y en particular el mundo per se- eran un atractivo fantasioso para los que soñabamos (en shorts) sobre un mapamundi con una mochila donde sólo cabía una manzana más roja que redonda, una libreta de notas, una cámara de fotos y un sólo Tintín, el favorito. Quizá el mayor atractivo es lo que menciona Savater “El planeta se le queda pequeño, como a cualquiera de nosotros: y a pesar de todo, sabemos que para ser feliz nunca hubiera necesitado salir de casa”. Tintín era feliz en Moulinsart, en los Himalayas del Tíbet o en Perú al lado de la tumba de Ráscar Capac. Yo era (soy) feliz con sus aventuras (una “pequeña felicidad” más para mi lista), con las que viajaba desde la comodidad de mi sala, rodillas sobre la alfombra, codos sobre el sillón.

Al igual que Savater, el enigma de Tintín me posee al punto de creer y recordar sus personajes como amigos de la infancia. Además del protagonista especie de Indiana Jones formal, recuerdo al profesor Tornasol, el perro Milú, los hermanos Hernández y Fernández y por supuesto al mayor insultador de la historia del comic: el capitán Haddock.

Sin lugar a dudas todos ellos fueron parte importante de las primeras aventuras de mi vida.