Hace una semana, en el post Amor propio reflexioné sobre una experiencia del pasado lunes. Al final concluí que esta noche tendría que demostrar por qué el caviar se disfruta en pequeñas cantidades, que el placer de las vacaciones está en que uno sabe que no son eternas y que por eso hay que aprovecharlas al máximo y que a pesar de que el sexo sólo tiene un momento casi instantáneo de placer, éste es incomparable.
Todo eso sin fórmulas ni computadoras, simplemente tenía que saltar al verde a dar una charla con los pies.
Nadie me creyó la historia. Esta vez el triunfo estuvo de nuestro lado por cinco amores propios a cuatro (con dos amores propios míos). Sin embargo, mi calidad de guerrero de suficiencia respiratoria orgásmica me jugó la misma pasada de siempre. Fueron ocho minutos para la foto, luego tuve que pensar en cómo recoger la lengua del suelo (sintético).
“Pero ni siquiera te mueves. Corre al menos si pierdes la pelota”
“No es cuestión de físico, todos terminamos cansados. Sencillamente es flojera”
De nuevo a pensar en el siguiente lunes, esta vez convencido de que esa frase “lo bueno dura poco” es un cliché para ociosos y tendré que eliminarna para curar la lesión a mi actitud. Felizmente, mi caso no pasa por falta de físico ¿no?










