Iban en el pequeño Citroën con bandera de la región Provence-Alpes-Côte d’Azur. Momentos antes habían salido rumbo a la catedral.
-No nos tomará más de cinco minutos – dijo la señora. Una típica abuela francesa.
-No debió. Gracias de verdad.
-No tienes por qué. Por alguna razón sentí que lo tenía que hacer.
-Disculpe si pregunté más de la cuenta acerca de Marceau.
La señora lanzó un profundo suspiro y continuó:
-Te voy a confesar algo que nadie sabe. Ni siquiera los mejores amigos de Marceau. No se por qué lo voy a hacer, pero creo que tienes el derecho de saberlo.
-¿Acerca?
-A Marceau lo encontramos muerto en el bosque como te contamos, al lado de la pista. Sólo que no fue producto de un accidente de tránsito. Había una pistola al lado.
-…
-Marceau se suicidó a los diesisiete años. Por eso no recibiste más cartas de él.
Llegaron a la catedral y Alonso se despidió. Nunca más supo de la abuela.
Entre recuerdos, pena y confusión entendió que su visita por Chartres le iba a deparar algún mensaje. Doce años comunicados en silencio. Ahora la verdad los dejaba en paz, a Marceau y a él.








Enero 13, 2007 a 6:47 pm
This is very nice blog. Check my blogs i am a girl can make friends?
Enero 13, 2007 a 8:12 pm
T., Ya me acordé de la historia…que pena…L.
Enero 13, 2007 a 10:55 pm
Recuerdo algo de esta historio, a veces el silencio responde a causas que no son las que creìamos.
Es parte de la vida, se asume y se sigue. Como dices, la paz de alguna manera llegò.
Nos leemos.